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martes, 21 de diciembre de 2010

35 Como afecta la altitud al ejercicio físico

Las bajas presiones y la falta de oxígeno a grandes alturas pueden afectar a nuestro mecanismo

La presión barométrica es baja a grandes alturas, y en consecuencia la presión parcial del oxígeno disminuye. Por ejemplo, a 7.000 m de altura el 50% de la hemoglobina está saturada por oxígeno, lo que causa un descenso del transporte de oxígeno a los tejidos a menos de la mitad, lo cual debilitará al individuo debido a la hipoxia tisular ( descenso de oxígeno en los tejidos). A 15.250 m la presión  del oxígeno es sólo de 1 mm de Hg  y la saturación arterial es de un 1%. A esta altura la pequeña cantidad de oxígeno en los tejidos se difundirá junto con la sangre hasta los pulmones. En estas circunstancias el individuo podrá sobrevivir sólo unos minutos. Existen diferentes causas por las que la salud de individuo puede peligrar, entre las que destacamos:

Efecto de la deficiencia de oxígeno: Según a la altura que nos encontremos existe un tiempo límite en el cual podríamos sufrir un colapso o coma. En alta montaña a mayor altura, mayor probabilidad de sufrir alguno de estos percances, y menor es el tiempo límite, pero no se puede caer en coma al no ser que se supere el denominado techo (entre los 6.700 y los 7.300 m). El primer síntoma de deficiencia de oxígeno (manifestado entre los 1.800 y los 3.050 m) es la disminución de la sensibilidad de los ojos a la luz. No es demasiado fiable, pero se puede comprobar mediante instrumentos que detecten esta ausencia de oxígeno.

Efecto del vapor de agua y del bióxido carbónico en la presión parcial alveolar de oxígeno: Debido a la presencia de vapor de agua y anhídrido carbónico, el individuo no puede ascender a mayores alturas sin que se le presente la anoxia ( falta de oxígeno parcial o total en las células). Si la suma de estos dos elementos no es bastante menor a la presión quedará poco sitio en los alveolos para otros gases. La anoxia podría provocar la muerte de las células, y por tanto crear graves problemas al individuo que se encuentre en esta situación.

Compensación respiratoria de la deficiencia de oxígeno: “Proceso de aclimatación”. La intensidad ventilatoria aumenta cuando aparece una deficiencia de oxígeno. Cuando se está a gran altura durante días se produce este aumento que llega incluso a quintuplicar la intensidad, este fenómeno se llama aclimatación a grandes alturas. A los montañistas les interesa aclimatarse lentamente, lo que conduce a que la ascensión a una montaña dure semanas.

Como conclusión, debemos saber que para realizar una actividad a gran altura debemos estar físicamente bien preparados y tener siempre los preparativos adecuados para afrontar cualquier problema que se pudiera presentar. También hay que respetar un lento proceso de aclimatación para evitar las complicaciones de adaptación a las presiones a gran altura.

31 Orientarse por el sol

Debes saber que el sol sale por el Este y se mueve formando un arco hacia el Sur, para ponerse por el Oeste. El sol alcanza su punto más alto  y se encuentra más hacia el Sur a las doce horas solares, lo cual no es necesariamente el mediodía que indica el reloj


En Europa y otros lugares se adelanta una hora durante el invierno y dos durante el verano, por lo tanto allí el mediodía corresponderá a las dos del reloj.
El Sol estará en el Este aproximadamente a las 6 de la mañana y en el Oeste a las 6 de la tarde. Añada una hora si su reloj adelanta una hora.

Formas de orientarse:
Si tiene un reloj razonablemente exacto: coloque un palo verticalmente sobre el suelo plano, de modo que el Sol proyecte su sombra. Al mediodía coloque una piedra al extremo de la sombra. La línea que vaya del palo a la piedra estará orientada de Norte a Sur, señalando el extremo de la piedra hacia el Norte.

Si no puede controlar la hora: cuando crea que el Sol se acerca a su punto más alto, coloque un palo vertical al suelo y marque con una piedra el final de la sombra. Espere un poco, vuelva a repetir el proceso y siga colocando piedras. De este modo observará que las sombras se han ido haciendo cada vez más cortas. La línea de la base del palo hasta la piedra que limite la sombra más corta será aproximadamente la dirección Norte-Sur.

Con una palo: clavar en un suelo llano una estaquilla y dibujar la punta de su sombra, de tiempo en tiempo señalar el lugar donde el rayo del Sol proyecta la punta de la sombra de la estaca. Luego se unen los puntos señalados, que formaran una especie de parábola. Desde la estaca
trazaremos arcos de diferentes radios que corten a la parábola. La bisectriz de todos esos arcos señalará el Norte Geográfico.


Con un mapa y su propia sombra: Al mediodía, su sombra estará en el Norte y podrá ubicar el mapa sabiendo esa dirección. A las 3 de la tarde, su sombra señalará mas o menos hacia el Noreste, y entonces podrá girar el mapa a fin que su sombra coincida con esta dirección.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Y esto para qué sirve...?

La Educación Física, siempre y cuando se oriente a  trabajar un tipo de motricidad polivalente, global e inteligente, es en realidad y desde siempre, un verdadero eje vertebrador de todo tipo de conocimiento y saber. Su potencial lúdico, expresivo e interactivo, lo corroboran.


Cuando algo se vivencia con todos los sentidos (hacer-conocer-sentir) queda una huella en el yo más profunda que cuando se utiliza un solo ámbito o extensión del ser. Por esta razón, creemos que, partiendo de la motricidad global inteligente, de las situaciones vividas, es más fácil, en las edades de la escolaridad obligatoria, abordar otras realidades.
Con el fin de facilitar una mejor asimilación de los conocimientos por parte del alumno, la asignatura de Educación Física os propone un hilo conductor, la práctica saludable del senderismo, que nos permitirá conectar varias áreas de conocimiento, y vivirlas en la práctica, con lo cual los aprendizajes tendrán un significado.
Y ya que hablamos de aprender haciendo; esto es lo que Jean Jacques Rousseau (1761) hizo con su alumno Emilio:
“Observábamos la posición del bosque al norte de Montmorency cuando me interrumpió con su inoportuna pregunta: Y esto ¿para qué sirve? Tenéis razón, le digo, hay que pensárselo despacio, y si resulta que este trabajo no sirve para nada lo abandonaremos, porque no son entretenimientos útiles los que nos faltan.  Nos ocupamos de otra cosa, y no volvemos a hablar de geografía el resto de la jornada.

A la mañana siguiente le propongo (a Emilio) un paseo antes de comer: no desea otra cosa; para correr, los niños siempre están dispuestos, y éste tiene buenas piernas. Subimos al bosque, recorremos los prados, nos extraviamos, ya no sabemos dónde estamos, y cuando hemos de volver no podemos encontrar nuestro camino. El tiempo pasa, el calor arrecia; tenemos hambre, nos apresuramos, vagamos en vano de un lado para otro, por todas partes no encontramos más que bosques, canteras, llanos, ninguna indicación que nos señales donde estamos. Muy acalorados, muy rendidos, muy hambrientos, con nuestras carreras no hacemos sino extraviarnos más. Por fin nos sentamos para descansar, para deliberar. Emilio, al que supongo educado como cualquier otro niño, no delibera, llora; no sabe que estamos a las puertas de Montmorency y que un simple tallar nos lo oculta; pero ese tallar es un bosque para él, un hombre de su estatura queda enterrado entre matorrales.

Tras unos momentos de silencio, le digo con aire inquieto: Mi querido Emilio ¿qué haremos para salir de aquí?
Emilio, sudando y llorando a lágrima viva: Yo no sé nada. Estoy cansado; tengo hambre; tengo sed; no puedo más.

Jean-Jacques: ¿Creéis que me encuentro en mejores condiciones que vos?¿Y pensáis que no lo haría si pudiera comer mis lágrimas? No se trata de llorar, se trata de saber dónde estamos. Veamos vuestro reloj, ¿qué hora es?
Emilio: Las doce, y estoy en ayunas.
Jean-Jacques: Eso es cierto; son las doce y estoy en ayunas.
Emilio: ¡Cuánta hambre debéis tener!
Jean-Jacques: Lo peor es que mi comida no vendrá a buscarme aquí. Son las doce: la hora, precisamente, en que ayer observábamos desde Montmorency la posición del bosque. ¿si del mismo modo pudiéramos observar desde el bosque la posición de Montmorency?...
Emilio: Sí; pero ayer veíamos el bosque, y desde aquí no vemos la ciudad.
Jean-Jacques: Ésa es la pena... Si pudiéramos prescindir de verla para hallar su posición
Emilio: ¡Oh, amigo mío!

Jean-Jacques: ¿No decíamos que el bosque estaba?...
Emilio: Al norte de Montmorency.
Jean-Jacques: Por consiguiente, Motmorency debe estar...
Emilio: Al sur del bosque.
Jean-Jacques: Tenemos un medio para encontrar el norte al mediodía.
Emilio: Sí, por la dirección de la sombra.
Jean-Jacques: Pero, ¿y el sur?
Emilio: ¿Cómo?
Jean-Jacques: El sur es lo opuesto al norte.

Emilio: Es cierto; basta con buscar lo opuesto a la sombra. ¡Oh, ahí está el sur, ahí está el sur! Con toda seguridad Montmorency está hacia ese lado, busquemos por ese lado.
Jean-Jacques: Podéis tener razón; cojamos ese sendero a través del bosque.
Emilio palmoteando y lanzando un grito de alegría: ¡ Ah, ya veo Montmorency! Ahí está, delante mismo de nosotros, totalmente al descubierto. Vamos a almorzar, vamos a comer, corramos: la astronomía sirve para algo.